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AB Joyas

Estas bonitas palabras se las debo a Xenia Viladás, amiga y consejera espiritual.

Andrea Baragaño, la joyera de una pieza.

Andrea Baragaño se define a sí misma como “artesana chismera” y según lo dice los ojos le chispean como delatando la ironía; me pide que mejore su descripción y, mientras digo que sí de corazón, me doy cuenta de me acabo de meter en un lío.

Y es que para presentar a Andrea no vale un texto de trámite, de esos discursos huecos como de agencia. Empiezo a darles vueltas a sus piezas y se interponen los sentimientos; pienso en la joyera y aparece la mujer; intento contar su manera de hacer las cosas y me doy cuenta de que hablo de ética, quiero alabar su oficio y acabo por describir la elegancia de una forma de ser.

En efecto, Andrea es inteligente, imaginativa y delicada. La joyería que sale de sus manos no es para ostentar: es para comunicar. Sus piezas se inspiran de aquello que la rodea, porque tiene ese don de saber mirar. Un pétalo, un insecto, un tejido o la simple textura de una piedra atraen su atención. Su fuente no es la moda, sino la vida.
Pero Andrea también es generosa e idealista: todo lo que suscita una emoción en ella lo quiere replicar para ofrecérselo a los demás. Así que observa y analiza cada objeto para entender cómo recrear esta sensación a través del metal, su herramienta. Lo funde, lo suelda, lo retuerce, lo lima y lo pule, con oficio y con precisión, hasta que está lista para desprenderse de él. Y solo entonces lo expone a la mirada de los demás.

Explica la historia que hay detrás de cada pieza, con pudor pero sin modestia, ayuda a colocarla, sonríe levemente y casi acaba por disculparse de que todo el valor que contiene tenga que traducirse en un precio.

Ella hace joyas con una mezcla de deleite y esfuerzo a partes iguales, como quien hace pan. Y las vende como si te hiciese una confidencia, casi sin querer, de tanta Andrea como llevan dentro.

En síntesis, creo que Andrea ES la joya y sus piezas no hacen sino reflejarla.

Xènia Viladàs